Érase una ciudad

Por sus 5 años en nuestra vida…

(2010 – 2015)

“Érase una vez una ciudad

que ni tú ni yo conocíamos…

Mezquita de Córdoba

Urbe misteriosa,

donde nos forzó el destino,

y que nos acogió

durante nuestro primer lustro.

Puente Romano

Lugar de rincones mágicos,

cuna de nuestro amor incipiente,

donde aprendimos a querernos.

Mezquita de Córdoba

Simiente de pasión,

Córdoba morisca y cristiana.

Clavada en las pupilas

y grabada en el alma

desde entonces…

Patios de Córdoba

Sabores y aromas,

a las puertas de una mezquita…

Colores…

florecillas rosas en los patios.”

Alma blanca

Este poema va dedicado a todas esas buenas personas que, con su forma de ser, nos aportan tanto cada día.

Corazón noble,

tierna mirada,

labios sinceros,

manos honradas,

mente que escucha,

alma que calma,

amigo honesto,

conciencia blanca,

amante puro, 

ternura innata,

de carne y hueso,

y sin alas.

Sí, amor,

tú eres mi ángel.

 

¿Tienes la suerte de conocer a alguien así?

Para todos ellos/as, porque…

“En la Tierra también existen ángeles de carne y hueso

que nos iluminan la vida con su presencia”

Serie de microrrelatos: Las tres pasajeras

El tren de la vida está lleno de personas, viaja entre estaciones donde donde unos suben y otros bajan, donde las circunstancias sólo son pasajeras, donde cada cual vive su propia realidad…

PASAJERA 1: LA MAGIA DEL AMOR

Nerviosa, subió al tren. Le temblaban las piernas y decidió sentarse en el primer asiento que pudo. Ilusionada, no pudo contener la agitación de saber que iba a su encuentro. Por primera vez se verían en persona. Por la ventanilla imaginó nubes de algodón y prados verdes. Incluso olió la primavera. Tan sólo era un 2 de octubre. Antes de apearse, sintió mariposas en su barriga y una sonrisa floja se le dibujó en sus jóvenes labios. Pensó: “Este viaje me cambiará la vida”

PASAJERA 2: LA MENTIRA DEL DINERO

Nerviosa, subió al tren. Sin saber muy bien a dónde ir, se sentó en el último asiento. Incómoda, se advirtió el centro de todas las miradas. Por la ventanilla vio pasar todas las paradas, hasta que, en la última, tuvo que apearse. Confusa, recorrió con su tarjeta todas las tiendas de aquella estación y de un centro comercial cercano. Hasta que no cupieron más bolsas en sus manos ni sus brazos pudieron soportar más peso. Pensó que con dinero podría comprarlo todo. Hasta el olvido.

PASAJERA 3: EL DON DE LA SALUD

Fatigada, subió al tren. Exhaló profundamente y, dolorida, intentó flexionar sus rodillas para sentarse. Por fin cayó sobre el asiento. Había estado a punto de perderlo… Cerró los ojos, y derramó una lágrima por todos los trenes que sí que había perdido… Durante el camino fue añorando cada parada, en un repaso de memoria. No le hizo falta ni mirar por la ventanilla. Y antes de quedarse dormida, pensó: “Este será mi último viaje”

Mañanas sin tí..

Las mañanas sin ti son complicadas, porque luego, en todo el día, no dejo de extrañarte:

No sabe igual un café sin tu beso de buenos días,

es como despertar sin el rayo de luz atravesando la persiana,

y sin olor a tostadas.

Nada tiene que ver el frío abrigo de las sábanas

con el abrazo afectuoso de tu cuerpo semidesnudo

reavivando mis constantes vitales.

No se puede comparar el vago ritual de una única taza

con la ceremonia de nuestras cucharillas traviesas

enredadas en la cafeína.

Ni los pies que dudan adentrarse en la mañana

porque faltan tus manos dispuestas a robarme sonrisas

con bromas pesadas.

Un desayuno sin ti es mucho más triste,

augura un día incompleto que encuentra la excusa perfecta

para sentirse extraño.

Te quiero…

¿Amor o amistad? Cuando dos personas se parecen mucho y conectan casi en todo es fácil confundirse. ¿Te ha pasado? Por suerte, hay muchas formas de querer, ninguna mejor que otra, todas importantes. Cada una ocupa su lugar y cumple una valiosa misión en nuestra vida. 

“Te quiero, porque hay tanto de ti en mí, que me olvido de ser yo para ser tú. Por decir en cada momento, justo lo que me hará sonreír. Que no es tan fácil.

Te quiero, por quedarte cuando todos se han ido… Por quedarte justo conmigo, por sostener las piedrecillas de este camino, con confesiones y descuidos…

Por no juzgarme, tender tu mano, por abrazarme siempre en vano. Por contarme estrellas en las noches en que , simplemente, no hay estrellas. Por eso te quiero.

Porque hay tanto de mí en ti, que me olvido de verme, para verte. Y mi espejo, es tu reflejo, y yo me pierdo… Te quiero, por comprender que no te quiera. Que no te quiera. Por eso, te quiero”.