Serie de microrrelatos: Las tres pasajeras

El tren de la vida está lleno de personas, viaja entre estaciones donde donde unos suben y otros bajan, donde las circunstancias sólo son pasajeras, donde cada cual vive su propia realidad…

PASAJERA 1: LA MAGIA DEL AMOR

Nerviosa, subió al tren. Le temblaban las piernas y decidió sentarse en el primer asiento que pudo. Ilusionada, no pudo contener la agitación de saber que iba a su encuentro. Por primera vez se verían en persona. Por la ventanilla imaginó nubes de algodón y prados verdes. Incluso olió la primavera. Tan sólo era un 2 de octubre. Antes de apearse, sintió mariposas en su barriga y una sonrisa floja se le dibujó en sus jóvenes labios. Pensó: “Este viaje me cambiará la vida”

PASAJERA 2: LA MENTIRA DEL DINERO

Nerviosa, subió al tren. Sin saber muy bien a dónde ir, se sentó en el último asiento. Incómoda, se advirtió el centro de todas las miradas. Por la ventanilla vio pasar todas las paradas, hasta que, en la última, tuvo que apearse. Confusa, recorrió con su tarjeta todas las tiendas de aquella estación y de un centro comercial cercano. Hasta que no cupieron más bolsas en sus manos ni sus brazos pudieron soportar más peso. Pensó que con dinero podría comprarlo todo. Hasta el olvido.

PASAJERA 3: EL DON DE LA SALUD

Fatigada, subió al tren. Exhaló profundamente y, dolorida, intentó flexionar sus rodillas para sentarse. Por fin cayó sobre el asiento. Había estado a punto de perderlo… Cerró los ojos, y derramó una lágrima por todos los trenes que sí que había perdido… Durante el camino fue añorando cada parada, en un repaso de memoria. No le hizo falta ni mirar por la ventanilla. Y antes de quedarse dormida, pensó: “Este será mi último viaje”

¿Cuál realidad, cuál sueño?

Microrrelato escrito para el reto de Julio propuesto por Lídia Castro en su blog 

En el Templo de la Luna la noche era sosegada, corría una brisa cálida. El cielo estaba tan despejado que se podían contar estrellas. Sentada junto a una fuente, escuchó que alguien gritaba su nombre. Una violenta fuerza comenzó a elevarla mientras se resistía.

Abrió sus ojos en un lugar desconocido, rodeada de personas extrañas con batas blancas. Un estetoscopio como espejo, le devolvió su reflejo. ¡No pudo reconocerse! Aterrorizada, gritó y pataleó tan nerviosa que alguien decidió devolverla allá con algún veneno.

Despertó. La noche seguía sosegada al pie de la fuente… Había sido un mal sueño.

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